El insomnio es un trastorno caracterizado por la incapacidad para conciliar el sueño o permanecer dormido. La farmacoterapia puede estar indicada si la falta de sueño interfiere en las actividades de la vida diaria.
El insomnio es un trastorno muy común,
el cual tiene distintas causas; entre ellas alteraciones psiquiátricas (p.
ej., depresión), afecciones médicas, dolor, ansiedad, consumo de
drogas y alcohol, así como apnea del sueño. El insomnio puede ser
transitorio (con duración menor de tres días), a corto plazo (cuando
perdura entre 3 y 21 días) o a largo plazo (cuya duración es de más de
21 días) (Charney, Mihic y Harris, 2008).
¿Por qué necesitamos dormir?
A lo largo de la vida, pasamos aproximadamente el 33% del tiempo durmiendo o intentando dormir. Aunque está claro que el sueño es esencial para el bienestar, los científicos no están seguros de su función ni de su importancia. A continuación se exponen algunas teorías:
- La
inactividad durante el sueño concede tiempo al organismo para
repararse.
- El
sueño es la evolución de un mecanismo protector. A lo largo de la
historia, la noche ha sido el período del día más seguro.
- El
sueño tiene que ver con la carga y la descarga «eléctrica» del
cerebro. El encéfalo necesita tiempo para procesar y guardar la nueva
información que ha recogido durante el día. Cuando esto tiene lugar
sin la interferencia del entorno, esta inmensa cantidad de datos
puede recuperarse mediante la memoria.
El sueño y la vigilia están
sincronizados con muchas funciones corporales diferentes. Así, la
temperatura corporal, la presión arterial, los niveles hormonales y la
respiración fluctúan de forma cíclica a lo largo de las 24 horas del día;
la alteración de este ciclo puede precisar la aplicación de medidas
farmacológicas o no farmacológicas para su reajuste. Los
niveles elevados del neurotransmisor serotonina ayudan a iniciar
los diversos procesos del sueño.
Los alimentos o las bebidas que
contienen estimulantes como la cafeína pueden perturbar el sueño. Del
mismo modo, el consumo de tabaco puede provocar inquietud y
nerviosismo en el individuo. Aunque el alcohol suele ayudar a conciliar el sueño,
puede desencadenar sueños intensos y despertares frecuentes que impiden
que este sea reparador. La ingesta de una gran comida poco antes de
acostarse, especialmente una rica en proteínas y grasa, puede perturbar el
sueño debido al aumento del metabolismo necesario para la digestión de los
alimentos. Algunos medicamentos estimulan el SNC, por lo que no
deben tomarse inmediatamente antes de acostarse. Las
condiciones adversas, como demasiada luz, una temperatura
desagradable en la habitación (especialmente por exceso de calor), los
ronquidos, la apnea del sueño y las pesadillas recurrentes,
pueden alterar el sueño. Con frecuencia, el insomnio de larga
duración se debe a depresión, trastornos maníacos o dolor crónico.
Es conveniente probar otras
posibilidades antes de iniciar el tratamiento farmacológico de los
trastornos del sueño, ya que el uso prolongado de somníferos puede
empeorar el insomnio y causar dependencia física o psicológica. Cuando un
sedante se suspende bruscamente o después de haberse tomado durante
un período de tiempo prolongado, algunos pacientes experimentan un
fenómeno denominado insomnio de rebote, en el que la falta de sueño y los
síntomas de ansiedad empeoran notablemente.


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